¿Cuál es el problema?

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Detrás de la caricatura del “cerdito feliz”, “vaquita feliz” que existe en los envases y propagandas de la industria ganadera, hay una terrible realidad, totalmente opuesta a la imagen que se nos intentan vender. Los animales que sufren en los mataderos experimentan dolor, miedo, ansiedad y estrés durante toda su vida. Los animales son aturdidos con una pistola de aire comprimido en el caso de las vacas, y con una descarga eléctrica en el caso de los cerdos, y en el caso de las gallinas se les aturde simplemente colocándolas cabeza abajo.
Lo siguiente es probablemente lo peor: los animales son colgados de sus patas, y son cortados vivos mientras éstos luchan por sus vidas hasta el último segundo, hasta que finalmente se desangran y mueren.

En todo el mundo, aproximadamente 69 billones de animales terrestres son matados al año.

En cuanto a los peces, entre 38 y 128 billones son matados cada año.

La imagen de la “vaquita feliz” sobre los envases de los alimentos lácteos no es menos falsa que la imagen presente en los alimentos cárnicos. Debido a sus propiedades nutricionales, la leche y otros productos lácteos son promocionados a destajo por profesionales de la salud, principalmente nutricionistas, dentistas y médicos, que aconsejan su consumo por la presencia de calcio y proteínas principalmente, a tal punto que ha llegado a figurar como alimento esencial en la dieta para muchas personas, e incluso se utilizan ampliamente fórmulas lácteas para la alimentación de parte importante de la población.
Sin embargo, y esto puede corroborarlo cualquier profesional de la nutrición que esté bien informado y actualizado, la leche no es un alimento esencial (obligatorio de incluir en la dieta). Su consumo tampoco reemplaza la leche materna humana, debido a que la composición nutricional de ésta es distinta a la composición de la leche de otros animales.

Suena lógico pensar que no tiene ningún sentido consumir leche de un animal que tiene una cantidad de proteína 3 veces superior (vaca) que la leche humana. Respecto al calcio, existen muchas fuentes vegetales de este nutriente, entre los que se encuentran la soya, el brócoli, el kale, etc.

Por otro lado, existe incluso evidencia que pone a los lácteos en tela de juicio. De acuerdo a un estudio realizado en China, “The China Study”, el Dr. Colin Campbell y colaboradores encontraron una relación entre el consumo de lácteos y el riesgo de desarrollar osteoporosis, cáncer de mamas, diabetes, enfermedad coronaria, entre otras.

Detrás de cada producto lácteo hay una terrible realidad que la industria intenta ocultarnos a toda costa: Cada animal es criado con el único fin de producir alimentos y generar dinero. Bajo esta lógica de animal como objeto, los cuidados veterinarios son proporcionados sólo en la medida en que éstos pueden mantener o mejorar la calidad del “producto”, y, una vez que el animal ya no puede generar más leche, es enviado al matadero. Un triste final a tener en cuenta quienes aún creen que consumiendo lácteos no se financia la explotación y el sufrimiento de los animales. Las vacas son inseminadas artificialmente de forma cíclica, ya que para producir leche, los mamíferos (reino al cual también pertenecemos) deben estar en período de gestación. De este modo, las vacas están constantemente preñadas.

¿Qué sucede entonces con las crías?
Son separadas de sus madres poco después de nacer, situación sumamente angustiosa tanto para las madres como para las crías. La relación entre las madres y las crías son especialmente fuertes, y empieza cuando la madre se aparta del grupo para dar a luz a su cría. Una vez nacida, la madre empieza a lamerla y con ello se va familiarizando con el olor de ésta. A las madres les gusta dormir junto a sus hijos, cuidarles y protegerles. Las vacas explotadas por su leche lloran durante días cuando son separadas de sus crías, muchas de ellas se separan de las demás durante semanas para estar solas y recuperarse del duro golpe que supone alejarse de sus bebés. Durante ese tiempo se mantienen aletargadas y tristes y no es raro ver cómo otras vacas del grupo tratan de acercarse a ella para animarla.

El sufrimiento que la separación de sus madres supone a las crías es comparable al que padecería un bebé humano al ser separada de su madre. Cuando son aislados, estos animales se estresan. (Ewbank, R. (1968) The behavior of animals in restraint. En: Fox, M.W. (comp.) Abnormal Behavior in Animals. W.B. Saunders, Filadelfia, Pennsylvania.)

Como las crías machos no son útiles para la industria láctea, son llevados al matadero aún siendo unos bebés. Las crías hembras son incorporadas al “stock” de vacas lecheras, y vivirán toda su vida encerradas, al igual que sus madres.

La situación con el huevo es similar a los lácteos. Se ha exagerado su cualidad como alimento esencial en la dieta humana, y tampoco lo es. Detrás de la publicidad engañosa, al igual que los casos anteriores, se esconde un sufrimiento inimaginable.

En los criaderos intensivos, las gallinas están hacinadas en jaulas donde apenas tienen espacio para moverse. Los barrotes metálicos del suelo destruyen sus garras, y el estrés producto de estas condiciones de vida, junto con la privación de comida y agua que se realiza para aumentar la productividad, causa conductas erráticas en estos animales, y canibalismo. Muchas gallinas mueren producto de estas condiciones. Si logran sobrevivir y ya no pueden seguir produciendo huevos, son enviadas al matadero.
Los pollitos machos, como no producen huevos, son enviados directamente a una trituradora, donde se convertirán en “nuggets”. Las pollitas hembras, en cambio, son mutiladas con una máquina que corta sus picos para evitar las peleas con otras gallinas, y son integradas al mismo sistema de vida terrible que sus madres.

Las gallinas que han sido rescatadas de estos centros de explotación, muestran inmediatamente sus conductas instintivas de anidar, disfrutan de la tierra, el sol, y todo lo que se les negó durante toda su vida.

A pesar de que a nadie en su sano juicio se le ocurriría criar a un humano para luego despellejarlo vivo y hacer unos zapatos, sí lo hacemos con otros animales (nunca olvidar que los humanos pertenecemos al reino animal según la ciencia de la taxonomía o clasificación de los seres vivos). Vacas, zorros, chinchillas, visones, focas, entre otros, son utilizados en esta cruel industria, sólo para que personas tengan vestimenta, que bien es producida a partir de materias primas sintéticas, sin afectar su calidad.

Las vacas, por ejemplo, son explotadas no sólo por su carne y leche, sino también por su piel, y, a pesar de que se considera habitualmente que el cuero es un subproducto de la industria cárnica, corresponde por sí solo a una industria millonaria, que muy probablemente seguiría existiendo aún si las vacas ya no fueran explotadas por su carne y leche, como sigue ocurriendo con otras especies de animales.

Es una práctica común despellejar vivos a los animales. Un abrigo supone la muerte de aproximadamente 35 animales no-humanos y para la fabricación de los mismos se matan a unos 30 millones al año aproximadamente.

Las plumas y la lana generalmente no son cuestionadas, ya que se piensa que estos animales no sufren en el proceso de extracción, pero la realidad no puede estar más alejada de esta idea. Las ovejas son seleccionadas genéticamente para que produzcan más pelo de lo normal.

La normalización del uso de la lana puede verse claramente en el artículo, donde se señala que “las ovejas deben ser esquiladas, o su salud puede verse gravemente afectada”. Si bien esto es cierto, se omite el hecho de que producto de la manipulación genética humana estos animales han desarrollado tal cantidad de pelaje, y es producto de esta manipulación que aparecen tales problemas de salud, y no únicamente del hecho de no ser esquiladas. Las lanas son esquiladas produciéndoles en muchos casos dolor y heridas, ignorando su propio sufrimiento. Situación muy similar a la de la recolección de plumas de los gansos, maniobra muy dolorosa para estos animales, pero, como en el caso de todas las industrias de explotación animal, las sensaciones de dolor y sufrimiento experimentados por los animales no son tomadas en cuenta, porque sólo se les ve como “bienes” o “productos”.

Existen muchas formas de entretenimiento a costa de la integridad física y emocional de los animales.

CIRCOS CON ANIMALES: Los animales en los circos pasan años de encierro y sufrimiento, este último debido a la obligación que tienen para efectuar comportamientos denigrantes en cada espectáculo, trucos que significan luego enfermedades, trastornos conductuales, etc.

ZOOLÓGICOS: Las prisiones de no-humanos existen y son denominadas zoológicos, espacios donde diferentes individuos deben permanecer encerrados para ser exhibidos y observados hostigosamente por miles de personas que fotografían sus angustiados rostros; estresados por el ajetreo, reducidos espacios y sufriendo por climas que no les corresponden. Es fundamental una transformación sustancial de estás cárceles por santuarios para animales, que sirvan para recuperar a animales y, dentro de lo posible, reinsertarlo en su hábitat natural.

CORRIDAS DE TOROS: Las corridas de toros, si bien son rechazas por una gran mayoría de personas en el mundo, aún persisten en países como Perú, Ecuador, Colombia, España entre otros, un salvajismo que es mantenido por autoridades y parte de una población que busca mantener una horrible tradición, consistente en estresar, golpear y asesinar a un indefenso animal.

RODEO: Dejar de asistir y financiar estas actividades es fundamental para apelar a su abolición, junto con un activo rechazo podemos lograr juntos prohibir las prácticas que atentes con individuos que sienten y merecen consideración moral.

TRACCIÓN ANIMAL: En muchos paises de Sudamérica aún se permite la tracción a sangre en el medio urbano, lo que implica un gran sufrimiento a miles de caballos que no reciben atención veterinaria ni alimentos adecuados; en su lugar, los golpes y malos tratos forman parte de la vida diaria de estos animales.

Utilizados para tirar de carros que muchas veces van sobrecargados, son obligados a atravesar la ciudad en infinitos viajes para el transporte de personas o cartones, chatarra y otros residuos; sin atención veterinaria, estos animales deben transportar sus pesadas cargas incluso estando enfermos o, en el caso de las hembras, en estado de preñez.

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