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Lenguaje especista: palabras que esconden a alguien

«El pollo que compré», «el ganado», «se produce leche». Cómo el lenguaje hace desaparecer a los animales y cómo hablar de ellos sin borrarlos.

Foto: Dietmar Rabich · CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Decimos «el pollo que compré», como si hubiera sido siempre una bandeja. Decimos «ganado», «producción», «stock», «cosechar» peces. Hablamos de una vaca como «eso». Son frases que aprendimos de niños, sin pensarlas, y que tienen un efecto silencioso: hacen desaparecer a alguien. El lenguaje no es neutral. Ordena lo que vemos y lo que no. Cambiar las palabras no lo resuelve todo, pero ayuda a ver, y lo que se ve es más difícil de ignorar.

En pocas palabras

  • Las palabras «quién» y «qué» marcan la frontera entre alguien y algo.
  • Muchos términos de la industria ocultan el proceso y al individuo.
  • Nombrar con precisión es una herramienta de activismo.
  • La idea es ofrecer otra forma de hablar, no corregir a nadie.

Algo o alguien

El castellano usa «quién» para las personas y «qué» para las cosas. Cuando hablamos de una vaca como «eso», o decimos «el perro que tengo» como quien habla de un auto, la ponemos del lado de los objetos. Decir «ella», «él» o «quien» es un gesto pequeño que recuerda que hablamos de un individuo con su propia vida.

Un nombre propio y una historia documentada nos acercan a un individuo. Conocer cómo llegó un animal a un santuario, qué cuidados necesita y cómo se relaciona con otros permite verlo más allá de una categoría productiva.

El diccionario de la industria

La industria que usa animales desarrolló un vocabulario que suaviza lo que hace:

  • «Ganado» viene de ganar: los animales nombrados por lo que rinden.
  • «Producción» habla de fábricas y no de cuerpos que paren, crecen y mueren.
  • «Faenar» o «beneficiar» suenan a trabajo o a ganancia, y no a matar.
  • «Sacrificar» evoca un acto noble o necesario, cuando se trata de matar a un animal joven y sano.
  • «Recolectar huevos» omite a la gallina.
  • «Cosechar» peces los convierte en vegetales.
  • «Carne», «cerdo», «pollo» nombran lo mismo en el plato y en el campo, borrando la diferencia entre alguien vivo y un trozo de su cuerpo.

La escritora estadounidense Joan Dunayer dedicó un libro entero a estas expresiones, Animal Equality: Language and Liberation (2001), y analizó cómo ese vocabulario puede volver menos visible la experiencia de los animales.

Por qué funciona

La psicóloga Melanie Joy analiza cómo las creencias y el lenguaje pueden volver menos visible el origen animal de la comida. Decir «una porción de pollo» pone el foco en el producto; hablar del ave de la que provino permite introducir otra pregunta: cómo vivió. Es una lectura crítica del lenguaje, no una regla sobre lo que piensa cada persona al usar esas palabras.

Las palabras no son el problema de fondo, pero son la puerta por donde entra o no entra la pregunta.

Cómo hablar distinto sin pelearte con nadie

La idea no es corregir a cada persona ni convertir cada conversación en una clase. Alcanza con mostrar otra forma de hablar, con naturalidad:

  • «Animales criados para consumo» en lugar de «animales de consumo».
  • «Matar» en lugar de «sacrificar» o «faenar».
  • «Cuerpo» en lugar de «carcasa».
  • «Ella» o «él» en lugar de «eso».
  • «Peces» en lugar de «recursos pesqueros».
  • El nombre propio, siempre que lo tengas.

Muchas personas adoptan estas formas sin que nadie se lo pida, solo por escucharlas una y otra vez.

Un cambio que ya ocurrió antes

El lenguaje cambia cuando cambia la forma en que miramos a quienes nombramos. Muchas expresiones que hace décadas se usaban para referirse a personas hoy nos parecen inaceptables, porque entendimos el daño que hacían. Con los animales está empezando a pasar lo mismo. En Animal Libre lo decimos así: los animales son alguien, no algo.

Preguntas frecuentes

¿No es exagerado cuidar tanto las palabras?

Las palabras ordenan lo que pensamos. Así como el lenguaje cambió para nombrar mejor a las personas, también puede cambiar para no borrar a los animales.

¿Dónde encuentro más ejemplos?

En nuestro diccionario: cada palabra trae una definición y un consejo para usarla al conversar.

¿Debo corregir a quien dice «ganado»?

No hace falta. Usar tú otras palabras, con naturalidad, suele ser más efectivo que corregir.

¿Cambiar las palabras ayuda de verdad a los animales?

Por sí solo no cambia sus vidas, pero ayuda a que más personas los vean como individuos, y eso es el comienzo de muchos otros cambios.

Fuentes

  1. Joan Dunayer, Animal Equality: Language and Liberation (2001)
  2. Melanie Joy, Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas (2010)